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Ficción,  Sociedad

El mayor simulacro mundial: Pandemia COVID

Era una tarde de aquellas en las que el mundo tal como lo conocíamos inició una nueva manera de funcionar. Las calles estaban vacías, nadie salía de sus casas y solamente la policía y el ejército patrullaban las calles para que nadie se saltará las reglas. Mientras tanto, la gente en sus casas mirando una pantalla podía hacer su trabajo, asistir a las clases del colegio o de la universidad y hasta consumir ocio: cine, conciertos de música, obras de teatro o recitales de poesía. Todo al alcance de todos gracias a la pantalla de su móvil. El Gobierno aseguraba el alimento y medicinas en todos los hogares entregándolo una vez por semana por correo en la propia puerta de nuestras casas y así, se aseguraban de que nadie metiera el hocico en sus asuntos.

Un virus global fue el motivo. 

El motivo para que todos nos fuéramos a nuestras casas y sin saber realmente qué pasaba en el exterior, en las calles de nuestra ciudad, nos limitáramos a vivir recluidos en casa. Los noticiarios y medios de comunicación nos informaban de que el virus se había extendido por todo el país y por todo el mundo, que los hospitales estaban llenos de infectados y que las cifras de infectados y muertos eran cada vez mayores. Pero, aunque algunas personas dudaban de estas noticias que nos daban, no había ninguna manera de comprobar que eran reales sin exponerse a acabar entre rejas.

Empezó así el mayor simulacro mundial que las élites organizaron para comprobar que el nuevo estilo de vida de la humanidad podría funcionar. Y así, con el fin de una época o el principio del final, según se mirara, comenzaba un nuevo orden mundial.

Tiempo después de aquello, todo había cambiado. Nos convertimos en una sociedad encerrada en sus casas con todo, absolutamente todo, garantizado por parte de los gobiernos. Encerrada ya no por miedo a ningún virus, sino porque no había necesidad de salir para nada ya que todo lo teníamos al alcance en nuestras pantallas. En cuanto a lo que podíamos conocer del mundo exterior, corría a cuenta de unos medios de comunicación que estaban en manos de las élites que dominaban el mundo e informaban de lo que les interesaba informar y cómo quisieran hacerlo. Poco se sabía de lo que aquellas élites hacían en sus vidas, pero tampoco era mucho el interés que había por descubrirlo pues, nosotros, ya lo teníamos todo.

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